Zwi Migdal: cuando el crimen se organizó como negocio

La Zwi Migdal fue una organización criminal del siglo XX, dedicada a la trata de mujeres judías pobres, sobre todo procedentes de Polonia. Su base de operaciones más conocida estuvo en Argentina, donde la red se estructuró con mayor fuerza, aunque sus actividades se extendieron a otros países, entre ellos Brasil.

Falsas promesas, verdadera esclavitud

El funcionamiento de la red se apoyaba en el engaño. Sus miembros viajaban a comunidades judías pobres del Este europeo y captaban a niñas y mujeres con falsas promesas de matrimonio, trabajo o una vida mejor en América. Una vez trasladadas, eran obligadas a prostituirse. No se trataba de un circuito improvisado, sino de una estructura transnacional con mecanismos de reclutamiento, transporte y explotación. La organización mantenía fondos comunes que servían, entre otras cosas, para sostener su funcionamiento y corromper a autoridades. 

La red no se limitó a Argentina. Según documentos historicos, São Paulo y Río de Janeiro, dos ciudades brasileñas, pasarón a formar parte de esa ruta. En Río de Janeiro eran llamadas, de forma peyorativa, “POLACAS” y trabajaban en la Zona do Mangue, área del centro de la ciudad que concentró prostíbulos y circuitos de explotación sexual.

La Zwi Migdal no sobrevivió solo por la violencia contra las víctimas. También prosperó gracias a la corrupción, al silencio social y al prejuicio. Las mujeres explotadas quedaban aisladas: muchas no hablaban portugués, no conocían el país y además eran rechazadas tanto por la sociedad en general como, en muchos casos, por sectores de la propia comunidad judía. Ese aislamiento ayudó a mantenerlas bajo control y contribuyó al posterior borrado histórico de sus trayectorias. 

Raquel Liberman y el golpe que no bastó

La red fue golpeada de forma decisiva en 1930, cuando Raquel Liberman, una de sus víctimas en Argentina, denunció a la organización. Esa denuncia fue clave para el desmantelamiento de la Zwi Migdal en territorio argentino. Pero, no se puede decir que haya sido un final definitivo, ya que no todos los miembros fueron arrestados y algunos huyeron a Brasil donde ya existían otros proxenetas y burdeles en funcionamiento. Es decir: la caída formal de la organización no significó la desaparición inmediata de las estructuras que había ayudado a consolidar. 

Hablar hoy de la Zwi Migdal no sirve solo para nombrar una mafia del pasado. Sirve para entender cómo operan las redes de trata: cruzan fronteras, se alimentan de la pobreza, usan promesas como carnada y sobreviven gracias  a contextos sociales que prefieren mirar hacia otro lado. También sirve para devolver visibilidad a las mujeres que durante décadas fueron reducidas al estigma y expulsadas de la memoria pública.